Trekking Ala Kul: La mejor ruta de Kirguistán por libre

Viajar a Kirguistán es hacerlo a un país donde la naturaleza salvaje es la absoluta protagonista. Su montañas, ríos, cañones y glaciares parecen literalmente sacados de otro planeta. Uno de estos lugares son las llamadas Montañas Celestiales. El macizo del Tian Shan es una columna de roca, hielo y pastos alpinos que rasga el cielo de Asia Central.

Durante siglos, las interminables caravanas de la Ruta de la Seda que avanzaban hacia el oeste miraban estas cumbres con un enorme respeto. Para los mercaderes que transportaban seda, especias y jade, estas murallas eran un obstáculo que debían bordear a través de los escasos pasos de baja altitud. En cambio, hoy el viajero que llega hasta aquí no busca esquivar la montaña, sino adentrarse en sus entrañas.

De todas las rutas y lugares del Tian Shan, ninguna encierra un magnetismo tan poderoso como el lago Ala Kul. Completar este trekking no es simplemente una cuestión de sumar kilómetros. Es someter el cuerpo a las leyes de la altitud y aceptar que ahí arriba las normas las dictan la piedra, la falta de oxígeno y las tormentas inesperadas.

Sabes que en Desmundando no concibo el viaje como una carrera por tachar hitos en un mapa, sino como un diálogo íntimo con el entorno que me rodea o los lugares que visito. Pues te aseguro que este sendero te obligará a mantener la conversación más exigente de toda tu travesía por Asia. Te recomiendo que te quedes. Voy a contarte cómo es realizar el trekking más bonito de todo Kirguistán.

Preparativos en Karakol: Logística, alojamiento y seguro de montaña

La aventura hacia el Ala Kul comienza mucho antes de atarse las botas y echar a andar. El campo base indiscutible para esta expedición es Karakol, una ciudad de cuadrículas soviéticas y que huele a pan recién horneado en hornos tandur. Llegar hasta aquí exige encontrar refugio en alguna de sus modestas casas de huéspedes. Puedes hacerlo a través de la página de Booking. Hay muchas opciones y a todos los precios. Te dejo el link a su web por si te interesa.

Existe cierto romanticismo con la idea de echarse al monte en absoluta soledad, cargando con una tienda de campaña y provisiones para tres días a casi cuatro mil metros de altitud. Pero muchas veces lo mejor es tener atada la logística y saber delegar. En mi caso, organizar la ruta a través de la oficina del CBT (Community Based Tourism) de Karakol fue un acierto rotundo. Esta red comunitaria permite mantener la esencia y la libertad de caminar por libre marcando tu propio ritmo, pero con la red de seguridad que supone reservar de antemano tu plaza para dormir y cenar en los campamentos de yurtas.

Económicamente esta decisión inyecta dinero directamente en las familias nómadas, lo que ayuda a mantener el comercio local y de proximidad. Pagar por una cama caliente bajo una yurta y dos comidas contundentes al día apenas supone unos tres mil soms kirguises (alrededor de treinta euros).

Por último, no debes olvidar otro de los aspectos más importantes al organizar una ruta de este tipo. Subir a cuatro mil metros donde el clima cambia en cuestión de minutos exige una responsabilidad innegociable. Nunca viajes sin un seguro médico con cobertura específica de rescate en montaña y deportes de altura. La montaña es justa, pero no perdona la arrogancia.

He decidido contarte mi experiencia en el Ala Kul Trek en tres etapas o momentos clave, pero fíjate que no coinciden exactamente con los tres días de ruta. Las dos primeras jornadas son claramente de caminata y la tercera es la de vuelta a Karakol. Quizá no sea la manera más estándar de hacerlo pero creo que dividirlo de ese modo le da mayor sentido a mi relato.

Etapa 1 del trekking: De Karakol a Sirota Camp

La primera jornada es un engaño maravilloso. El sendero arranca en las afueras del Parque Nacional de Karakol y se adentra a través del curso del un río. El agua baja con una fuerza ensordecedora, arrastrando el frío de un glaciar que puedes sentir incluso caminando a varios metros de la orilla. Durante las primeras horas de caminata el desnivel es casi imperceptible discurriendo a través de un bosque de abetos centenarios.

Pero la montaña acaba mostrando su rotro. Poco a poco el camino acaba convirtiéndose en una senda con bastante raíces resbaladizas y rocas sueltas. Incluso para quienes estamos acostumbrados al desnivel en nuestros entrenamientos por la montaña, la inclinación de este último tramo antes de alcanzar el campamento base impone respeto. Los pulmones empiezan a exigir más aire y los cuádriceps arden con cada paso en la roca.

Tras unas seis o siete horas de caminata el bosque se abre para mostrar Sirota Camp, situado a tres mil metros de altitud. Al divisar a lo lejos este asentamiento, la silueta circular de las yurtas te recuerda dónde te encuentras. Estás en el lugar donde la vida nómada es la auténtica protagonista. Siglos de dura existencia a expensas de los elementos y en busca de la mejor zona para vivir. Dormir aquí, abrigado bajo gruesas mantas de lana mientras escuchas es retroceder siglos en la historia de la humanidad nómada.

Etapa 2: El lago turquesa Ala Kul a 3.900 metros

El segundo día es la etapa reina, el asalto final al Ala Kul Pass. La jornada comienza al alba, alimentado por un té de jengibre y pan con mermelada antes de que el sol logre superar las cumbres. En cuanto dejas atrás el Sirota Camp la vegetación desaparece dando paso a un paisaje lunar de pedreras inestables y cascadas de hielo.

A partir de los tres mil quinientos metros el cuerpo humano empieza a avisar. El oxígeno escasea y cada paso exige tributo físico. Es en este terreno vertical donde la hidratación y la alimentación se vuelve crítica. No sirve de nada beber un litro de agua de golpe. Hay que obligarse a realizar pequeños parones cada pocos cientos de metros, dar sorbos cortos a la cantimplora y obligar al estómago a digerir frutos secos o barritas energéticas. El mal de altura acecha y la única forma de combatirlo es un ritmo constante y pausado.

Sin embargo el sufrimiento se evapora en el momento que coronas el repecho final y te asomas al vacío. Abajo se revela el lago Ala Kul. Ninguna fotografía que lances hará justicia a la realidad. Es un inmenso líquido de un color turquesa irreal, cargado del sedimento mineral que arrancan los glaciares en su descenso. Ver el Ala Kul lake por primera vez te maravilla. El viento helado te azota el rostro y una sensación de pequeñez absoluta se apodera de ti. Has caminado hasta un lugar que no parece pertenecer a este planeta, un santuario de agua virgen escondido en el techo del mundo.

Etapa 3: Descenso a Altyn Arashan y sus aguas termales naturales

El error del viajero inexperto es creer que la cima marca el final del esfuerzo. El descenso desde el paso de Ala Kul hacia el valle de Altyn Arashan es duro. No te voy a mentir ni edulcorar la realidad. La bajada es salvajemente empinada, discurriendo por una pedrera donde cada apoyo a veces es una incógnita. Las rodillas absorben un castigo implacable durante horas, mientras pierdes mil metros de desnivel tratando de mantener el equilibrio bajo el peso de la mochila. Es un ejercicio de concentración extrema.

Pero la montaña aprieta, no ahoga. Tras cruzar el escarpado cañón de Kel-Dike, el terreno se suaviza y el paisaje se transforma de manera mágica. El valle de Altyn Arashan se despliega ante ti mostrando sus prados de un verde fluorescente, manadas de caballos salvajes y un río caudaloso que serpentea flanqueado por altos abetos. Es el paraíso terrenal tras la dureza de la alta montaña, así que la llegada al pueblo es la recompensa merecida.

El verdadero tesoro escondido de Altyn Arashan brota directamente de sus entrañas. Este rincón del Tian Shan es famoso por sus fuentes termales. Tras dos días de esfuerzo físico, llegar a las pequeñas cabañas de madera construidas sobre las fuentes es una bendición. Sumergirse en esas piscinas de piedra natural, dejando que el agua sulfurosa y casi hirviendo penetre en la musculatura es uno de los contrastes sensoriales más absolutos que se pueden experimentar en Kirguistán.

Pero si maravilloso es disfrutar de estas fuentes en tu alojamiento, todavía es más especial meterse en alguna de las fuentes salvajes que están incrustadas dentro de la propia montaña. Es el premio al esfuerzo por llegar hasta aquí.

El retorno a Karakol: El eco imborrable del Tian Shan

La tercera jornada es un trámite melancólico a lo largo de una pista forestal hasta la aldea de Ak-Suu donde las marshrutkas locales esperan para devolverte a la civilización en Karakol. Es el momento en el que el cuerpo camina en automático pero la mente sigue anclada en el reflejo turquesa del glaciar y en el calor del agua termal. Caminar por el Ala Kul no es tachar un sendero más en una lista de recomendaciones de viaje. Es comprender la dureza de la vida nómada y sentir el poder de una cordillera por la que transitaban los mercaderes de la Ruta de la Seda.

Regresar al asfalto tras haber caminado por el corazón de las Montañas Celestiales (Tian Shan) es aceptar que una parte de ti se quedará para siempre vigilando ese inmenso ojo líquido y turquesa escondido en el techo del mundo.

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